H5N1: Australia retira a sus expedicionarios de la isla Macquarie

El Departamento de Cambio Climático, Energía, Medio Ambiente y Agua ordenó la retirada temporal de los 24 integrantes del Programa Antártico Australiano estacionados en la isla subantártica, a unos 1.500 kilómetros al sureste de Tasmania. Aunque el virus nunca fue detectado allí, los modelos predictivos anticipan una mortalidad masiva de elefantes marinos durante la temporada de cría, entre septiembre y noviembre. Las autoridades priorizan, además, el impacto psicosocial que un brote tendría sobre el personal. En Davis, Casey y Mawson, mientras tanto, continúa la rutina del invierno austral.



Una «difícil decisión» sin casos confirmados

El 28 de agosto de 2026, el Departamento de Cambio Climático, Energía, Medio Ambiente y Agua de Australia (DCCEEW) anunció la retirada temporal de los 24 expedicionarios —técnicos, científicos y personal de apoyo— de la estación de investigación de la isla Macquarie.

La medida, descrita por las autoridades como una «difícil decisión», no responde a un caso confirmado: el virus H5N1 de la influenza aviar altamente patogénica (HPAI) nunca fue detectado en la isla. Lo que la motiva es un escenario prospectivo: la temporada de cría del elefante marino del sur coincidiría con un eventual brote. «Si bien el riesgo para los humanos de la gripe aviar H5 se considera bajo, no podemos ignorar los riesgos psicosociales de vivir cerca de un número potencialmente elevado de animales afectados», declaró el subsecretario Sean Sullivan. Los expedicionarios ya trabajan en uno de los entornos más remotos y hostiles del planeta; para las autoridades, no corresponde sumar factores que comprometan su bienestar psicológico.

Elefantes marinos, el eslabón más vulnerable

Los modelos elaborados por los especialistas apuntan a una elevada probabilidad de mortalidad masiva entre los elefantes marinos (Mirounga leonina), una especie especialmente susceptible a este patógeno. El antecedente es elocuente: en otras colonias subantárticas, como la de la isla Heard y las islas McDonald, la mortalidad entre las crías superó el 90 %. Ese registro es, para los expertos, el principal factor de riesgo epidemiológico que motivó la intervención preventiva.

El virus ya circula en el continente

En paralelo, la vigilancia epidemiológica confirma el avance del H5N1 en la fauna silvestre australiana: el país acumula 354 casos positivos en animales silvestres, 203 de ellos en el estado de Australia Meridional. El hallazgo más significativo es la detección del virus en un delfín común hallado muerto en Goolwa, en la península de Fleurieu, que se suma a los casos confirmados en un zorro, un halcón pardo y un cuervo australiano. «Sabemos que los delfines son muy vulnerables, lo que significa que corren riesgo», advirtió la jefa veterinaria de Australia Meridional, Skye Fruean.

La lista creciente de mamíferos afectados —terrestres y marinos— evidencia la capacidad del virus para infectar un espectro cada vez más amplio de especies, un fenómeno que los virólogos siguen con atención por sus implicaciones para la salud de la fauna silvestre. Como parte de la respuesta en el territorio continental, el gobierno puso en marcha un programa de vacunación con aproximadamente 1.500 dosis.

Evacuación y futuro de la estación

El rompehielos RSV Nuyina viajará a la isla entre finales de septiembre y principios de octubre para evacuar al personal y recuperar el equipo esencial. El gobierno australiano subrayó su compromiso de mantener una presencia a largo plazo en Macquarie, un enclave de gran valor para la investigación climática y ecológica, y ya evalúa alternativas para mantener la situación bajo observación a distancia y planificar el retorno en temporadas futuras.

Mientras tanto, en Davis y Casey

Lejos de la incertidumbre que rodea a Macquarie, la vida en las estaciones antárticas australianas sigue el ritmo parsimonioso del invierno austral. En Davis, el mecánico James Beton comparte con humor una «guía para la fotografía de auroras australes» que recomienda —en broma— ignorar el encuadre y prescindir del trípode para lograr imágenes «auténticas». En Casey, la cronista del invierno recoge en el informe semanal las pequeñas rarezas de la convivencia en aislamiento: la eterna disputa por los cartones de leche, la bandeja de tazas apilada «con la perfección de las pirámides de Egipto» y los misteriosos cubiertos escondidos en los postres. A menos de cien días del regreso de la mayoría, concluye que echará de menos, precisamente, esas pequeñas cosas y esas personas.


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